Escrito por Diego Alberto Contreras Santillán,
estudiante de la Facultad de Derecho Abogado Ponciano Arriaga Leija
Responder mensajes mientras haces tarea, revisar redes sociales mientras estudias o escuchar un video mientras trabajas. Para muchas personas, hacer varias cosas al mismo tiempo se ha convertido en algo cotidiano.
A esta práctica se le conoce como multitasking, o multitarea, y durante mucho tiempo se ha considerado una habilidad útil en un mundo donde todo parece avanzar a gran velocidad. Sin embargo, la ciencia tiene algo importante que decir al respecto: el multitasking, tal como lo imaginamos, en realidad no existe.
El cerebro humano no está diseñado para realizar múltiples tareas complejas al mismo tiempo. Lo que realmente hace es alternar rápidamente entre una actividad y otra. Este proceso se conoce como “cambio de tarea”, y aunque ocurre en fracciones de segundo, tiene un costo mental.
Cada vez que cambiamos de una tarea a otra, el cerebro necesita reajustarse. Esto implica perder tiempo, disminuir la concentración y aumentar la probabilidad de cometer errores. Aunque parezca que estamos siendo más productivos, en realidad estamos fragmentando nuestra atención.

El problema es que vivimos rodeados de distracciones. Las notificaciones, los mensajes instantáneos y el acceso constante a información hacen que sea fácil interrumpir cualquier actividad. Poco a poco, nuestro cerebro se acostumbra a este ritmo, lo que dificulta mantener la atención en una sola tarea durante largos periodos.
Esto no significa que no podamos combinar actividades simples. Por ejemplo, escuchar música mientras caminamos no representa un gran esfuerzo mental. Sin embargo, cuando se trata de tareas que requieren concentración, como estudiar, escribir o resolver problemas, dividir la atención puede afectar significativamente el rendimiento.
Además, el multitasking puede generar una sensación de agotamiento. Al estar cambiando constantemente de enfoque, el cerebro trabaja más de lo necesario, lo que puede provocar fatiga mental incluso sin haber completado tareas importantes.
En lugar de intentar hacer todo al mismo tiempo, cada vez más especialistas recomiendan lo contrario: enfocarse en una sola tarea. Este enfoque, conocido como “monotarea”, permite una mayor concentración, mejora la calidad del trabajo y reduce el estrés.
En un entorno donde la velocidad parece ser lo más importante, aprender a concentrarse se ha convertido en una habilidad valiosa. No se trata de hacer más cosas en menos tiempo, sino de hacer mejor cada cosa en su momento.
Porque al final, la verdadera productividad no está en la cantidad de tareas que realizamos, sino en la calidad con la que las hacemos.
