Mi pasión volcada en la obra de Cristina Rivera Garza

De lo trascendental a lo místico, de la lucha a la justicia, de la conciencia a la rebeldía, Cristina Rivera Garza arrastra mi vista hacia su horizonte, para reescribirme. 

La pasividad de mi lectura se esfumó, algo revoloteaba en mi pecho, ¿Y no es acaso este el amor?, en mi cabeza el pensamiento se abstuvo de sucumbir a tal invitación. Necesitaba encontrar alguien que insistiera en darle la espalda al olvido, tanto como lo he hecho yo. No descifre el enamoramiento de inmediato, pero fue tan inevitable: fui creciendo en sus márgenes, en sus silencios, en las ausencias nombradas, en la tierna y radical voz que deleitaba a toda una multitud de gente que no dimensionaba como yo a mis ojos, la presencia tan fructífera que nos arropaba el alma, mencionando siempre la reconstrucción de lo que se ha perdido, de lo que nos han arrebatado, desde orígenes, desde raíces, siempre recordando que somos raíz, antes que fruto. 

Doctora Honoris Causa. Me sigue temblando el corazón al escribirlo; ¿qué tanta entrega, disciplina, conocimiento, hay detrás de las gafas de Cristina? ¿Cuántos escalones me faltan para ser tan inmensa como ella? Es tan sensible como yo, y a la vez tan recta. Su mirada proyectaba una sabiduría tan cálida, tan suprema.  Su presencia tan amena, fue lo primero que pude sentir al cruzar palabras y preguntas preparadas, ¿Me temblará la voz como en aquellos foros del “niño lector” en los que participaba representando la carga de toda una primaria en mi pequeña y rígida espalda? ¿Sucedió?, si, tal vez al principio, creo que ni lo notó, ¡espero que no! 

Cristina cultiva una ética en su escritura desde la semilla, sembrando la resistencia de negar el olvido, de vivir la complejidad de lo humano, con fervor indignante, gritándole a la violencia, a la memoria de las mujeres que han sido relegadas al pie de página, o la mayor de las veces, sin llegar a existir en una hoja. Dicha lectura me sumerge en estado de confrontación, en cuestionamiento, ¿Qué estoy leyendo, y qué haré con esto que ya sé? En este viaje, cargando en la espalda la realidad, tan seca, tan árida, dejé a un lado mi absurda más no constante comodidad, mi sumisión bendita para el agresor, mi niebla mental que causa la indiferencia, que mata, que roba, que llora, en ti, en ella, en mí, en todo. 

Escucharle después de leerle (incluso antes de), es de considerarse prolífico; a causa de la experiencia majestuosa, es imposible no sentir la vibración al narrar en mi cabeza siguiendo el ritmo del camino que atraviesa mi vista. Soy participe ahora en la memoria, en el archivo, en el reencuentro y en la tan anhelada y esperada justicia.  

Tengo incrustada ahora a Liliana en todos mis sentires, vivo por todos mis antepasados, y en la memoria de los apellidos que pesan, que amo y que duelen a la vez.  Cristina nómada, Cristina en memoria.