En mi librero: Juan Villoro y sus obras

Todos los libros existen cuando el lector los lee y comienzan su vida útil cuando el lector, sentado en su lugar preferido y tomando una buena taza de café, los abre por primera vez, ahí es cuando sucede el momento mágico que une dos mentes: la del lector y el escritor. Como dice el tío Tito en el libro Salvaje: “Hay dos formas de que un libro llegue a ti: la normal y la secreta. La normal es que la compres, te lo presenten o te la regalen. La secreta es mucho más importante: en ese caso es el libro el que escoge a su lector”.

Juan Villoro llegó a mi librero mental hace muchos años, casi por casualidad. Lo que me enganchó fue precisamente eso, la coincidencia. Meses antes había leído The catcher in the rye de J.D. Salinger, una lectura que me sumergió tanto en la mente de Holden Caulfield que, por momentos, me daba un poco de miedo. En este monólogo, Holden se pregunta: “¿a dónde van los patos de Central Park cuando el lago se congela?”

Días después, por azares del destino, me topé con un texto de Juan Villoro, el cuento Chicago. En él, un taxista conversa con un pasajero y, al hablar del frío entre Ciudad de México y Chicago, así como de los lagos del Parque de Chapultepec, lanza una pregunta que me resultó familiar: “¿ha visto usted a los patos?”. En ese momento no pude dejar de preguntarme ¿a dónde van los patos cuando hace frío en el lago del Parque de Chapultepec?

Yo no sé si Juan Villoro quería o no hacer esa referencia en el cuento, pero yo lo imaginé sentado en su lugar favorito tomando una taza de café, leyendo The catcher in the rye y dialogando con J.D. Salinger, ese día conocí a un escritor que se convertiría en uno de mis favoritos.

Hablar de Juan Villoro, para mí, ha sido descurbir a un autor prolíficio, capaz de escribir historias tan cotidianas con personajes aparantemente comunes, pero que terminan construyendo un mundo completo en la imaginación.

Es recordar cuando Juan Jesús habla por teléfono con Nuria, después de no haberla visto durante muchos años, como en Llamadas de Ámsterdam; es entender que un puré de papa puede anunciar un mal momento, como ocurre en Salvaje; es entender su diálogo e influencia en José Agustín en La noche navegable; y también es encontrarse con ese bibliotecario que, desde una conferencia, nos revela cuánto pueden enseñarnos los libros.

Debo confesar que dejé de leerlo un tiempo porque decidí solo leer escritoras, llevo varios años acompañada de mujeres, que además de la necesidad propia de reconocerlas y reconocerme, comparten comigo una misma realidad y me han mostrado otros caminos dentro de la literatura. Ahora, después de mucho tiempo, Villoro vuelve a encontrarme desde otro momento y otro lugar, así como te encuentra un libro.

“He ordenado una biblioteca a lo largo de mi vida y los libros han desordenado mi vida”- Conferencias sobre la lluvia, Juan Villoro.