Garantizar el acceso a agua segura en escuelas de educación básica se ha convertido en una prioridad en la zona metropolitana de San Luis Potosí, luego de que investigaciones recientes de investigadores de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP) confirmaran la presencia de fluoruro, arsénico y otros contaminantes en fuentes de abastecimiento. En este contexto, la doctora Paola Elizabeth Díaz Flores, académica de la Facultad de Ciencias Químicas e integrante del Grupo Universitario del Agua, presentó avances de un proyecto enfocado en proteger la salud de la población infantil.
Durante su participación en la presentación de la Agenda Hídrica 2025 de la UASLP, la especialista explicó que la iniciativa no solo contempla la instalación de sistemas de purificación, sino también la generación de conciencia sobre los riesgos asociados al consumo de agua contaminada. “Este proyecto se basa en implementar sistemas de purificación de agua para consumo humano en escuelas, pero también en comunicar el riesgo a la población más vulnerable”, señaló.
El estudio incluyó visitas a planteles educativos, donde se tomaron muestras de agua y se evaluaron las condiciones de almacenamiento y consumo. Los resultados son reveladores: “El 80 por ciento de las escuelas supera la concentración permitida de fluoruro”, indicó la doctora Díaz Flores, al precisar que en promedio se registran niveles de hasta 2.5 miligramos por litro, por encima de la norma.
En cuanto al arsénico, si bien la mayoría de las muestras se encuentran dentro de los límites establecidos, también se detectaron casos que los rebasan. Además, se identificó la presencia de nitratos, lo que confirma la influencia de fuentes de contaminación superficial. Estos hallazgos coinciden con estudios previos que advierten sobre la calidad del agua subterránea en la región, de donde proviene cerca del 75 por ciento del suministro que llega a hogares y escuelas.
Uno de los puntos críticos es la infraestructura existente en los planteles. Aunque muchos cuentan con bebederos, estos no funcionan adecuadamente. “Lo único que tenían era un filtro de tela que elimina partículas, pero no contaminantes químicos”, explicó la investigadora. En otros casos, dependen del suministro por pipas, sin conocer el origen ni la calidad del agua recibida.
A esto se suma una percepción errónea entre la población. “El agua transparente no siempre significa que es agua segura”, advirtió, al señalar que muchos contaminantes no son visibles. Asimismo, destacó que hervir el agua o usar filtros domésticos convencionales no es suficiente para eliminar estos compuestos.
Frente a este panorama, el proyecto propone el uso de tecnologías más avanzadas, como la ósmosis inversa, combinada con sistemas de filtración especializados. “Se necesitan procesos más eficientes para garantizar que el agua sea realmente apta para consumo humano”, subrayó.
Además del componente tecnológico, la iniciativa incluye trabajo directo con estudiantes, docentes y padres de familia para modificar hábitos de consumo y fomentar una cultura del cuidado del agua. “Buscamos que las infancias comprendan que no deben consumir agua de la llave y que tengan mayor conciencia sobre su uso”, añadió.
Entre los principales beneficios del proyecto, la investigadora destacó el suministro de agua de calidad en entornos escolares y la promoción de comunidades informadas. “Lo que buscamos es contribuir al cumplimiento del derecho humano al agua, especialmente en la población infantil”, concluyó.
Paola Muñoz
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