La vivienda tradicional de la Huasteca Potosina representa una forma de comprender el territorio, la vida comunitaria y la transmisión de saberes entre generaciones. Este es uno de los temas de investigación que desarrolla el doctor Carlos Pedraza Gómez, profesor de la Facultad de Estudios Profesionales Zona Huasteca de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, quien desde 2017 trabaja en la documentación y conservación del patrimonio cultural de la región.
Con formación como maestro y doctor en Arquitectura, el investigador centra su trabajo en identificar y analizar elementos patrimoniales presentes en viviendas, iglesias y otras tipologías arquitectónicas de comunidades rurales. “He sido un apasionado de la conservación del patrimonio cultural desde hace muchos años y desde que llegué a la Huasteca he impulsado líneas de investigación relacionadas con la identificación de estos elementos”, señaló.
Uno de los proyectos actuales se enfoca en la vivienda tradicional, en particular en los llamados bohíos, construcciones elaboradas con materiales de la región como madera, palma o zacate, que en algunos casos incorporan insumos industrializados. Para Pedraza Gómez, estas edificaciones reflejan procesos de cambio social que a menudo pasan desapercibidos. “La arquitectura en las zonas rurales está en constante transformación, igual que la sociedad, pero al estar alejadas de los centros urbanos muchas veces no somos conscientes de lo que se pierde o se modifica”, explicó.
El objetivo del estudio es documentar estas transformaciones antes de que desaparezcan. “Las construcciones tradicionales llevan consigo una forma de pensar y de habitar de los pueblos originarios. Tal vez no podamos conservarlas todas físicamente, pero al menos es importante registrarlas”, afirmó.
Desde el punto de vista metodológico, el equipo de investigación clasifica las viviendas según sus materiales, sistemas constructivos y configuración espacial. En algunas comunidades, la vivienda se organiza en módulos separados para dormir, cocinar o almacenar, además de espacios exteriores donde transcurre gran parte de la vida cotidiana. En otros casos, las funciones se concentran en una sola estructura, lo que permite distinguir variantes de vivienda tradicional, vernácula o mixta.
El trabajo de campo se ha realizado en comunidades de Ciudad Valles, así como en municipios como Tanlajás, Coxcatlán, Tamazunchale y Tamasopo. El investigador destacó que aún queda mucho por documentar y que el avance depende del tiempo, los recursos y la colaboración de las comunidades.
Más allá del análisis arquitectónico, Pedraza Gómez subrayó que el patrimonio también reside en los conocimientos tradicionales de quienes construyen estas viviendas. “No solo es el edificio, sino los saberes sobre cómo y cuándo cortar los materiales, dónde encontrarlos y qué herramientas usar. Ese conocimiento se transmite entre generaciones y hoy enfrenta riesgos ante el uso creciente de materiales industrializados”, explicó.
El proyecto cuenta con financiamiento de la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (Secihti) y en él participan profesores, académicos invitados y estudiantes que colaboran mediante servicio social, prácticas profesionales y tesis. Para el investigador, el objetivo
final es socializar el conocimiento y devolverlo a las comunidades: “Desde la universidad debemos reconocer esta arquitectura como un elemento material con profundo sentido de identidad y pertenencia”, dijo.
Hugo Laussin
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